Viernes, Diciembre 13, 2019
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¿Protección o sobreprotección?

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La relación entre padres e hijos es única y particular. Cada relación se va construyendo a partir del embarazo, se concreta con el nacimiento y los primeros meses, y se va desarrollando a lo largo de los años.

Durante la gestación los padres cuidan, acogen y preparan al futuro bebé que está creciendo dentro del vientre materno, tratando de no tener sobresaltos o de no exponerse a situaciones de riesgo. Cuando el bebé nace, lo sienten tan pequeñito y desvalido entre sus brazos que quieren protegerlo de cualquier peligro y atenderlo en todo lo que necesite. Pero el bebé crece y aprende que el llanto es una forma de pedir comida, de que lo hagan dormir, que le cambien el pañal o de expresar que le duele algo, que tiene calor o que tiene ganas de jugar. Es un bebé que responde y participa.

A los doce meses, ya es un niño que quiere caminar, que busca otras maneras de comunicarse: señala con el dedo o hace algún sonido en particular para cada situación. Alrededor de los dos años ya puede expresar con palabras lo que quiere y está listo para dejar los pañales. Y así, cada año es un recorrido para aprender y alcanzar metas cada vez más grandes. Sin embargo, algunos padres continúan viendo en su hijo a ese bebé pequeñito y desvalido que tenían en sus brazos.

 

¿Cuál es la diferencia entre protegerlos y sobreprotegerlos?

Proteger a los hijos es algo natural de la especie. Los animales protegen a sus crías hasta que ellas están preparadas para valerse por sí mismas y entonces inician su propio camino. ¿Cómo los padres saben cuándo un hijo está listo para valerse por sí mismo? Bueno, el crecimiento es un proceso que tiene muchas señales. La naturaleza en el mundo animal y humano es sabia, sólo hay que saber entender esas señales.

Cuando el niño comienza a gatear o a dar sus primeros pasos es porque tiene curiosidad y ganas de explorar el espacio que lo rodea, está buscando la forma de ir un poco más allá por sus propios medios (sus propias piernas) y no depender de un adulto que lo lleve o lo traiga de un lado a otro; este es el inicio directo de la independencia. Entonces, ¿qué hacen algunos papás? “Ven, no te vayas por allá.” “Ven, quédate sentado aquí a mi lado”. “Si vas para allá, te alejas de mamá y entonces te va a pasar algo malo.” Estas frases son de Sobreprotección. Esto no quiere decir que los pequeños pueden ir donde quieran y cuando quieran, no vamos a permitir que se suban a un mueble alto y tomen el riesgo de caerse o de encontrar un tomacorriente y dejar que lo toquen; entonces es cuando surge el límite: orientamos a los niños hasta dónde pueden llegar y dónde es mejor detenerse. El balance está en no tenerlos pegado a nuestras faldas, pero tampoco permitir que suceda una situación peligrosa para ellos. Debemos enseñarles estas situaciones y cómo se deben manejar.

 

Desaciertos y contradicciones

La sobreprotección es un conjunto de contradicciones. Por ejemplo, los papás no permiten que el niño se suba a un tobogán del patio de juegos “porque es muy alto y se puede caer”, pero le permiten que manipule el televisor de la sala de su casa como él quiere “porque le gusta”.

Otro ejemplo, cuando el niño se golpea o choca contra la silla y llora desconsoladamente, van de inmediato y le pegan al mueble, diciendo: “¿esa silla te golpeó, hijito?, silla mala, silla mala.” Y cuando después de unos años, el
adolescente viene con una nota baja del examen y les dice a los papás: “es que el profesor me tiene bronca o no estudié porque era demasiado”. Cómo pueden esos papás pedirle que asuma su responsabilidad a un adolescente que cuando fue niño, no asumió que él se golpeó con la silla porque fue él quien se movió, el mueble sólo estuvo ahí.

Un tercer ejemplo, veamos al niño que quiere ayudar a mamá o papá en las tareas del hogar: “yo quiero poner la mesa”, “yo te ayudo a limpiar el auto”, “¿qué les parece si hoy vemos esta película?” Y las respuestas de algunos papás y mamás: “pero eres muy chiquito, mejor lo hago yo”, “no, no tú no sabes, se te va a caer el balde con agua o me vas a rayar el auto, mejor anda a jugar no más”, “¿esa película? No, eres muy pequeño para entender”. Después de varios años de esta actitud, ¿cómo van a pedir que el adolescente o adulto tenga iniciativa y tome
decisiones?

 

El mensaje de la sobreprotección

Los padres sobreprotectores generalmente también son padres permisivos. Quieren que sus hijos se mantengan cerca para que no les pase nada, pero como no les gustan que se enojen con ellos, les permiten hacer todo. Y esa es la mayor contradicción.

La sobreprotección crea niños dependientes y temerosos, con baja autoestima, inseguros y con poca tolerancia a la frustración.

Lo que les estamos diciendo a los niños cuando los sobreprotegemos es que no pueden, que no son capaces, que no confiamos en ellos. Los niños desarrollan su autonomía porque los padres los alientan, les dan espacio, propician que experimenten, que busquen soluciones, que se equivoquen y lo vuelvan a intentar.

Lic. Jesica Kuwae Goto. Psicóloga Infantil y Danzaterapeuta. Teléfono: 650 8783. Facebook: Casa Galli Perú.

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